domingo, 9 de agosto de 2009

ENSAYO ¿Tiene futuro la Catequesis?

Antes de comenzar el tema en cuestión es preciso definir algunos términos que nos ayudarán en el tema y la reflexión y así adentrarnos en la pregunta ¿ tiene futuro la catequesis?
Teología: Es una ciencia teórica que estudia lo que Dios ha dicho de sí mismo a los hombres. Reflexiona la Palabra de Dios en forma sistemática a la luz de la fe. Tiene un lenguaje científico, que a menudo entienden solamente las personas que se iniciaron en él.
Catequética: Es una ciencia teórico-práctica, que con los principios de la teología y los aportes de algunas ciencias del hombre, estudia y orienta la acción catequística de la comunidad eclesial, a la luz de la fe.

Catequesis: La palabra catequesis es bíblica. La encontramos en los Hechos de los Apóstoles (21,24), en la Carta a los Romanos (2, 17-21). Quiere decir “Hacer resonar”, “producir eco”; por lo tanto “Anunciar”, “Instruir”. Es una palabra cargada de vida y actividad cristiana
El Sínodo Episcopal de 1977 sobre la catequesis, la define como: “educación ordenada y progresiva de la fe” (1,1)

Juan Pablo II, expresa la finalidad de la catequesis con estas palabras: “El fin definitivo de la catequesis es poner a uno, no sólo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo” (C.T. 5)
Entonces estamos hablando de “anunciar” de “vida” y actividad cristiana, educación de la fe, poner a la persona en contacto , en comunión con Jesucristo.
Ahora bien:
Es algo evidente que estamos hoy ante una crisis grave y generalizada de la transmisión de la fe en nuestra sociedad, sobre todo por lo que se refiere al campo tradicional y privilegiado de actividad catequética: el proceso de iniciación cristiana de niños y adolescentes. De ahí que se invoque la necesidad de un “nuevo paradigma” catequético, de una renovada configuración de la catequesis, si se quiere responder a los nuevos retos que el mundo actual lanza a la acción pastoral de la Iglesia.( Emilio Alberich)

Si bien las primeras comunidades apostólicas adoptaron una modalidad fiel a la del Maestro, comunidades de vida que vivan al estilo de Jesús , comunidades que lo seguían compartían y comunicaban su experiencia , la historia nos dice que a través del tiempo se fue haciendo borrosa esta forma de vivenciar la fe, se fue normando y más aun se masificó por “decreto” la trasmisión de la fe lo que llevó a buscar la manera de trasmitirla y adoptar ciertas formas de anuncio y enseñanza.

Al hablar de la necesidad de una renovada configuración de la catequesis estamos dando por hecho que se ha dado un caminar en estos procesos de fe que no siempre han sido los más acertados , cabe destacar acá la forma como se ha catequizado en diferentes épocas de estos siglos de cristiandad muchas ya reconocidas por sus acentuaciones tales como : transmisión de doctrina, de verdad dada ,de un depósito de contenidos inmutables de una catequesis preferentemente infantil, individual , de la catequesis de un buen cristiano practicante , muchas veces en función de los sacramentos, de transmisión de conocimientos, de adoctrinamiento de catecismo memorístico de asimilación pasiva etc.
Si bien estas formas dieron respuesta a épocas determinadas hoy la época y los desafíos son otros.

Está claramente confirmado y haciendo referencia a los momentos que se viven culturalmente es evidente que estas formas de transmitir la fe ya no están dando los resultados esperados.
“La hipótesis que presentamos es que la catequesis debe ser una iniciación al misterio cristiano, lo cual supone la puesta en práctica de una pedagogía iniciática que no pretenda tanto enseñar o transmitir un mensaje cuanto ofrecer una vida que sólo será posible experimentar mediante la inmersión en el baño simbólico que constituye su alma”.

La iniciación no está en la línea de la resolución de un problema, sino más bien en la de la experiencia, estructurada simbólica y ritualmente, de un misterio. Esto obliga a plantear de una forma nueva el tema del lenguaje de la fe, repensado sobre todo en clave bíblica, litúrgica y existencial. No se trata de ofrecer, por parte de los catequistas, un lenguaje ya prefabricado y listo, sino más bien de ayudar a los catequizandos a recorrer su propio camino de búsqueda y adaptación del lenguaje cristiano.

La catequesis hace entrar en esta experiencia mediante un encuentro personal y comunitario que debe ayudar a las personas a hacerla propia y a elaborar el propio camino personal de fe, en diálogo con los datos originales de la fe cristiana. De este modo se promueve una articulación de la fe, no tanto lineal cuanto “sistémica”, en relación vital con la Escritura y la Tradición.

En cualquier caso, el proceso realizado revelará su fecundidad si consigue provocar “sorpresa”, estupor, admiración ante lo inesperado y fascinante. “Si el desarrollo de la catequesis está demasiado organizado, no hay sorpresa. Si el desarrollo de la catequesis carece de consistencia, no hay sorpresa”.

En particular, es urgente dar primacía al primer anuncio de la fe, pero debemos reconocer que no tenemos aún la “gramática” de este primer anuncio. Se nos abre la perspectiva de tener que formar catequistas capaces de ser creativos, capaces de abrir caminos nuevos a la catequesis. ( E.Alberich)

El Directorio, en efecto, es citado varias veces en apoyo a las demandas de renovación propuestas, como son por ejemplo: la primacía de la catequesis de adultos, la centralidad de la Biblia y de la experiencia de fe, la importancia insustituible de la comunidad, la urgencia del primer anuncio del Evangelio, la necesidad de una catequesis de iniciación, la atención al sujeto, la necesidad de apuntar a un nuevo modelo de creyente y de Iglesia, las nuevas exigencias de la formación de los catequistas y agentes de pastoral, etc.

Pero es necesario reconocer que se trata de perspectivas y exigencias en amplia medida aún no realizadas, lentas para entrar en la mentalidad y en la praxis de los responsables de la acción pastoral. En el campo de la renovación catequética hay que reconocer que el magisterio oficial y la reflexión se hallan mucho más avanzados que la práctica concreta pastoral y catequética.
¿Cómo hacer para que en esta constatación se acorten distancias? Si vemos que la reflexión ya sea de sínodos , documentos etc. va mucho más avanzada que propuestas que respuestas tenemos que dar para hacer que la práctica pastoral y catequética sea más efectiva?

Por otra parte, hay que admirar la sinceridad y el valor en el análisis de la situación, lúcido y realista, y la afirmación de una conciencia pastoral que mira al futuro con preocupación, pero con esperanza. El “nuevo paradigma” catequético del que se ha hablado se presenta más bien como un futuro que hay que crear que como una fórmula ya preparada y capaz de afrontar los nuevos desafíos.

Nuestra pastoral no podrá ya limitarse a introducir adaptaciones y remiendos parciales: se impone una opción evangelizadora proclamada e invocada hoy ya por todas partes- que exige ser tomada verdaderamente en serio y hacer efectiva aquella “conversión pastoral” que reclaman los tiempos.

Como lo plantea el capítulo cuarto del libro catequesis evangelizadora, de Emilio Alberich,” La Catequesis Servicio de la Palabra , anuncio de Cristo” visibiliza notablemente que la Palabra de Dios en Jesucristo , es núcleo central de la catequesis, como dimensión transformante , esta centralidad de la persona de Jesucristo no solo constituye un rasgo sustancial de la identidad catequética, sino también un aspecto liberador. Una catequesis que sea iluminación e interpretación de la vida, narración actualizante de una historia significativa, acción del espíritu y en el Espíritu.

En este aspecto cabe destacar que la catequesis que se requiere es al servicio de la inculturación de la fe, si la tarea de la Iglesia es la evangelización , la catequesis como educación ordenada y progresiva de la fe tiene ante si una tarea tan exigente cuanto prometedora. En actitud de respeto, simpatía y diálogo sincero con las culturas , la catequesis “podría proponer a tales culturas el conocimiento del misterio oculto y ayudarles a hacer surgir de su propia tradición viva expresiones originales de vida, de celebración y de pensamiento cristiano” ( CT 53)

Aquí surgen uno retos para la catequesis desafíos y opciones que debe asumir:

-Servicio fundamental, acentuando el carácter misionero.
-Dirigirse a sus destinatarios, niños, adolescentes, jóvenes y adultos
-A ejemplo de la catequesis patrística, debe ser una verdadera escuela de pedagogía cristiana.
-Anunciar los misterios esenciales del cristianismo. Promoviendo la experiencia trinitaria como centro de la vida de fe.
-Considerar prioridad la preparación y formación de catequistas de profunda fe.

A la luz de las nuevas perspectivas teológicas y culturales , la catequesis se configura hoy como servicio a la Palabra de Dios encarnada en experiencias de fe, en función de un proceso de crecimiento y maduración, vitalmente insertado en un proyecto de profunda renovación eclesial. Aquí los rasgos de una catequesis renovada:
NUEVA VISIÓN DEL CONTENIDO: De la transmisión de la doctrina a la experiencia de fe.
De la verdad dada , ya poseída a la verdad dada y prometida.
De un depósito de contenidos inmutables a un esfuerzo renovado de inculturación de la fe.

NUEVA IDENTIFICACIÓN DE LOS SUJETOS Y OBJETOS DE LA CATEQUESIS.
De catequesis preferentemente infantil a la adulta.
De una catequesis individual a una grupal y comunitaria.
De la catequesis de un buen cristiano practicante a la promoción de creyentes comprometidos, enraizados en su fe y abiertos al mundo.
De una catequesis en función de los sacramentos, a la educación de actitudes de fe y de amor como liturgia de vida.

NUEVA PERSPECTIVA PEDAGÓGICA.
De transmisión de conocimientos a la educación de actitudes.
De adoctrinamiento a una acción educativa y promocional.
Del catecismo y de la transmisión verbal, a la catequesis plural en lenguajes y medios de comunicación.
De la asimilación pasiva a la catequesis de creatividad y corresponsabilidad.

UN NUEVO SIGNIFICADO EN LA SOCIEDAD DE HOY, EN EL SENTIDO DE UNA TRANSMISIÓN:
De una catequesis de la conservación a una de la transformación.
De la devocional a la catequesis liberadora y comprometida.
De la defensa intolerante de la propia identidad a la actitud abierta y dialogante.

La catequesis debe orientar con valentía a la Iglesia hacia el servicio desinteresado de todos los hombres en su situación histórica concreta. Este empeño decide hoy la calidad de la catequesis, y constituye un verdadero reto a su capacidad de ser fiel a Dios siendo al mismo tiempo fiel al hombre.

Por el camino recorrido la cristiandad ha tenido aciertos y desaciertos, la forma de evangelizar, catequizar ha ido tomando diferentes formas, ¿Cómo evangelizar en un mundo globalizado? Donde a todo nivel hay fracturas , crisis, donde el hombre moderno se enfrenta a interrogantes vitales a la complejidad de un mundo globalizado, modernizado, tecnificado? Es en esta coyuntura de búsqueda de sentido de la vida , de la historia del hombre donde la Iglesia más que nunca tiene una palabra que decir, una propuesta que hacer una misión que concretar.

Estamos viviendo unos tiempos en que, cada vez más, el único modo de poder creer de
verdad va a ser para muchos aprender a creer de otra manera. Ya J. H. Newman anunció esta situación cuando advertía que una fe pasiva, heredada y no repensada acabaría entre las personas cultas en «indiferencia» y entre las personas sencillas en «superstición». Son muchas las cosas a pensar con más rigor pero, tal vez, lo primero es aclarar algunos aspectos esenciales de la fe.

Hay una ardua tarea ya frente a lo expuesto.
La fe es siempre una experiencia personal. No basta creer en lo que otros nos hablan o
predican de Dios. Cada uno sólo cree, en definitiva, lo que de verdad cree en el fondo de su corazón ante Dios, no lo que oye decir a otros. Para creer en Dios es necesario pasar de una fe pasiva, infantil, heredada, a una fe más propia y personal.

Esta es una interesante pregunta: ¿Yo creo en Dios o en aquellos que me hablan de él?
En la fe no todo es igual. Hay que saber diferenciar lo que es esencial y lo que es accesorio, y, después de veinte siglos, hay mucho de accesorio en el cristianismo actual. La fe del que confía de verdad en Dios está más allá de las palabras, las discusiones morales y las normas eclesiásticas. Lo que define a un cristiano no es el ser virtuoso u observante, sino el vivir confiando en un Dios cercano por el que se siente amado sin condiciones. Esta puede ser otra pregunta: ¿Confío en Dios o me quedo atrapado en otras cuestiones secundarias?
En la fe lo importante no es afirmar que uno cree en Dios sino saber en qué Dios cree. Nada es más decisivo que la idea que cada uno se hace de Dios. Si creo en un Dios autoritario y justiciero, terminaré tratando de dominar y juzgar a todos. Si creo en un Dios que es amor y perdón, viviré amando y perdonando. Esta puede ser la pregunta: ¿En qué Dios creo yo: en un Dios que responde a mis ambiciones e intereses o en el Dios vivo revelado en Jesucristo?

Necesitamos hacer procesos de fe, de encuentro con Jesucristo. La apuesta es más exigente de lo que parece: nos pide un profundo cambio de mentalidad y una verdadera “conversión pastoral”.




REFERENCIAS :
Alberich , Emilio: Catequesis Evangelizadora.

Catequesis Tradendae 1979 : Juan Pablo II

Directorio General para la Catequesis

Pagola, José Antonio: Articulo Creer de otra manera.

Materia de clases: Síntesis Catequesis renovada.
Teología Catequética y catequesis.